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Paruresis.

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Paruresis.

Mensaje por CalaveraDeFidel el Vie Mar 22, 2013 8:16 pm

Paruresis Info



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El sufrimiento de los paruréticos








Hay personas que no pueden orinar en un baño público si sienten
que otros los pueden ver u oir mientras están evacuando. A este
padecimiento se le conoce como paruresis.

El parurético sabe que esto es totalmente irracional, pero el temor
de no poder orinar delante de la presencia real o imaginada de otras
personas produce que ellos no puedan orinar. Ellos tienen un temor a ser
juzgados por no poder realizar una necesidad humana básica, por lo que
cada fracaso en intentar orinar en un baño público refuerza ese temor,
convirtiéndose en un círculo vicioso, en una pesadilla que se vuelve
realidad en el día a día.

Allen W. Court ha padecido de paruresis por más de 30 años, y ha
visto su condición agravada por una próstata agrandada que lo hace
orinar más de 15 veces al día. Cada día en el trabajo tiene que sufrir
al intentar orinar en los baños públicos del local. Si fracasa en el
baño público del primer piso sube al baño del segundo piso para
intentarlo allí, y si fracasa de nuevo tiene que regresar a trabajar a
su cubículo con una vejiga llena que lo perturba, o conducir hasta un
restaurante cercano donde tienen un baño individual.[1]

Él confiesa: “Con gusto renunciaría a los ahorros de mi vida para
librarme de esto. Incluso podría cortarme un dedo, o dos, si eso lograra
solucionar mi problema. ¿He mencionado que algunos de nosotros se meten
un tubo por el pene?”.[2]

Cómo medida extrema, algunos paruréticos recurren a un catéter o
sonda para sacarse la orina, la cual es un tubo que se introducen por el
pene. Otros deciden retener la orina por varias horas hasta que logran
encontrar un baño “seguro”, es decir, un baño en el que sientan la
privacidad suficiente para orinar sin sentir que están siendo vigilados
por otros.

El umbral de privacidad necesario para orinar varía según el
paciente. Hay personas que pueden orinar en baños públicos bajo ciertas
condiciones, mientras que otros tienen problemas para orinar hasta en
sus propias casas, cuando sienten que hay alguien más que pueda oirlos.

“Tengo muchas ‘reglas’ para orinar, ninguna de las cuales me gusta,
ni estoy de acuerdo con ellas, pero al parecer no puedo hacer nada para
cambiarlas. ¿Dónde —me he preguntado— está escrito que yo no pueda
orinar a menos que pueda ver una pared sólida que forme parte de la
estructura de un edificio? ¿O que mi posibilidad de orinar mejore en un
cincuenta por ciento cuando lo intento en un baño con poca iluminación?
¿O que mi posibilidad de orinar se vuelva cero por ciento si estoy en un
vehículo en movimiento o sobre una masa de agua?”[3], dice Court, un parurético de 45 años de edad.

Viajar es una actividad que angustia mucho a los paruréticos, sobre
todo los viajes en avión. Por ejemplo Lance, un hombre de 31 años, tomó
la fatídica desición de tomarse una taza de café antes de un largo vuelo
hacia Miami. Cuando llegó a Houston, para una conexión de vuelo, hizo
varios intentos de orinar en el baño público sin lograrlo, y pasó el
resto del viaje con una vejiga “dolorosamente hinchada”, con más viajes
fallidos al lavabo, sufriendo las miradas embarazosas de los demás
pasajeros.

“Salí del lavabo más avergonzado, todavía con un sudor frío, con la
vejiga chillando de dolor. Sentí como si me fuera a morir o a
desmayarme, porque el dolor era tan intenso, que aunque alguien me
hubiera puesto una pistola en la cabeza no hubiera sido capaz de
orinar”, nos cuenta Lance.[4]

La incapacidad de orinar se desencadena no solo por la presencia
percibida de otras personas en el baño, sino también por las
restricciones de tiempo. En el caso de Lance, el saber que necesitaba
volver al avión para continuar su viaje le ocasionó mayor ansiedad, lo
que se reflejó en su incapacidad de orinar.

Una persona con paruresis puede llegar hasta el extremo de tomar
decisiones importantes en la vida, como el qué estudiar o dónde
trabajar, con base en este padecimiento.

Según Steven Soifer, co-fundador de la Asociación Internacional de Paruresis,
“La vergüenza puede ser tan aguda que alguna gente toma empleos por
debajo de su nivel educacional y profesional de habilidades simplemente
para no tener que enfrentar la agonía de usar un baño público durante
las horas de oficina”.

“Un hombre con educación universitaria terminó tomando una ruta para
vender periódicos con el único objetivo de evitar a otras personas”.
Recuerda Soifer, quien es él mismo un parurético en recuperación. “Mucha
gente trabaja en casa o se auto-emplean solo para poder manejar su
situación”.[5]

Algunos paruréticos han perdido sus empleos por ser incapaces de
proveer una muestra de orina cuando sus patronos se lo requerían. Hay
incluso quién haya ido a parar a la cárcel por no poder proveer una
muestra de orina a las autoridades.

Steven Soifer asegura que “hay un hombre en confinamiento solitario
en una prisión de New Hampshire porque no pudo proveer una muestra de
orina”.[6]

Un parurético se encuentra muchas veces planificando las actividades
cotidianas en torno al padecimiento, y se ve obligado a rechazar muchas
invitaciones sociales.

La dificultad para socializar también impide obtener una pareja, o desarrollar intimidad con esa pareja.

La paruresis le ha impedido a Bob tener una relación sentimental en
los últimos diez años con una mujer. “Si mi novia estaba conmigo y yo
tenía que levantarme para ir al baño, no era capaz de orinar, porque el
baño estaba a un lado de la habitación. Ella se preguntaba qué era lo
que pasaba”.[7]

Steven Soifer cuenta que “el matrimonio de un hombre se estaba desmoronando porque él se rehusó a ir de vacaciones por 15 años”.[8]

Un hombre de 31 años de edad cuenta tristemente que él rechazó la
invitación de una joven y sexy mujer para acompañarla a un tour en bus
por Europa – “¿Cómo podría yo disfrutar de ver por la ventana a Europa
en toda su grandeza mientras tengo a una vejiga oprimiéndome en la
tercera hora de retención o más? Luego las paradas en los baños públicos
inundados de turistas, y en los enclaustrados baños de la ciudad… Estoy
furioso”.[9]

Sencillas actividades recrecionales, como ir a conciertos, encuentros
deportivos o ir al cine se convierten en desafíos para un parurético.
Si un parurético decide ir al cine probablemente evitará películas
demasiado largas como “El Señor de los Anillos”.

La paruresis se hace más difícil de soportar cuando la persona no
sabe que ella no es la única que tiene problemas para orinar en baños
públicos. “En primer lugar, sientes que eres el único que la padece, te
sientes solo, llegas a la conclusión de que estás loco, y es frecuente
que te deprimas”, dice Tom Seehof, un hombre que padeció de paruresis
por más de 60 años.

Seehof, contando con más de 75 años de edad, logró recuperarse de la
paruresis con la ayuda de la Asociación Internacional de Paruresis, por
lo que decidió ayudar a otros paruréticos a recuperarse.[10]

Da la impresión de que la paruresis afecta principalmente a los
hombres, ya que 9 de cada 10 personas que se presentan a tratamiento son
hombres, según reporta la Asociación Internacional de Paruresis.[11]
Pero el número de mujeres afectadas puede ser mayor. Quizá las mujeres
sean más tímidas que los hombres a la hora de reportar públicamente esta
condición.

Steven Soifer relata que “una mujer a la que tratamos sólo podía
orinar en su patio trasero por la noche. Ella vino para una sesión, y
luego nunca más la volvimos a ver”.[12]

Christopher J. McCullogh, autor del libro “Free to Pee” (Libre para
Mear) nos cuenta: “Una mujer me llamó hace muchos años y me dijo que no
había dejado su casa en veinte años. Le dije que eso me parecía
interesante, ¿pero en que puedo ayudarle? ‘Bueno’ dijo ella, ‘es que
quiero salir’. ‘Ah, ya veo, tal vez yo le pueda ayudar’”.[13]

Las mujeres tienen la ventaja de tener mayor privacidad al no tener
que usar urinarios, pero por otra parte, el comportamiento de las
mujeres al ir al baño es una actividad más social. Muchas mujeres
disfrutan de ir al baño juntas, lo que resulta una verdadera pesadilla
para las que sufren de paruresis. Lo último que quiere una mujer con
paruresis es que la acompañen a ir al baño.

También está el problema de que los baños de mujeres en general pasan
más congestionados, ya que no tienen la opción del urinario, como en el
baño de hombres. Las largas filas que se forman en los baños públicos
de mujeres aumentan la presión que pueda sentir una mujer parurética
para tener éxito al orinar.

El solo hecho de darse cuenta de que su padecimiento tiene un nombre
puede resultar un gran alivio para el que padece de paruresis. El sitio shybladder.org
cuenta el caso de un hombre que experimentó una recuperación
instantánea cuando encontró la información sobre su padecimiento en
Internet: “El día que encontré este sitio web sentí que podía ir a un
baño público a orinar. Y desde entonces he estado visitando los baños
públicos en los centros comerciales, restaurantes, gimnasios,
aeropuertos y lugares en los que ni siquiera hubiera soñado que podía
orinar”.[14]

Pero la mayoría de los que padecen de paruresis no tienen tanta
suerte. Para la mayoría, el camino de la recuperación es algo bastante
arduo que puede durar meses, o incluso años. Algunos no se recuperarán
nunca.

El tratamiento de la paruresis más recomendado se conoce con el nombre de terapia de exposición gradual o terapia de desensibilización,
y consiste en exponerse gradualmente a situaciones que produzcan mayor
ansiedad al intentar orinar. Paso a paso se va venciendo el miedo y se
va recuperando la confianza, al ir teniendo pequeños éxitos. El simple
hecho de entrar en un baño público al que antes nunca se hubiera entrado
constituye un avance.

Intentar entrar orinar en un baño muy transitado con urinarios sin
divisiones puede ser muy desafiante para un parurético. En vez de eso es
recomendable intentar orinar en un baño no muy frecuentado y que tenga
divisiones entre los urinarios. O tal vez esto represente un desafío muy
grande para el parurético, y en vez de ir directamente a un urinario
deba conformarse con intentar orinar en un escusado a puerta cerrada. Si
logra orinar, aunque sea una vez después de muchos intentos fallidos,
esto podría empezar a darle mayor confianza para seguirlo intentando. Un
parurético debe tener paciencia y no desesperarse.
Resulta irónico que un parurético deba celebrar el simple hecho de
poder orinar alguna vez en situaciones públicas, después de muchos
intentos fallidos, algo que se da por sentado para la mayoría de los
seres humanos. Es natural, por lo tanto, que esta incapacidad social
para orinar produzca una merma de la autoestima del que la padece.

La mayoría de los que se someten a la terapia de exposición gradual
experimentan una mejoría considerable, pero aun en el mejor de los casos
no se puede hablar de una victoria total sobre el padecimiento. Steven
Soifer confiesa: “He sufrido de paruresis por 30 años, y he estado en
recuperación en los últimos seis, pero no estoy curado. Esto es algo
parecido al alcoholismo. Uno se puede recuperar cerca del cien por
ciento, pero se puede producir otra vez en ciertas situaciones. Por esa
razón no hablo de una cura.

CalaveraDeFidel

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