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Los tesoros de la ciudad en la que la gente vive bajo tierra

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Los tesoros de la ciudad en la que la gente vive bajo tierra

Mensaje por Azali el Lun Dic 19, 2016 2:48 am

Los tesoros de la ciudad en la que la gente vive bajo tierra
Redacción BBC Outlook

  • 18 diciembre 2016

         
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http://www.bbc.com/mundo/noticias-38309193
       
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption En algún lugar del sur del Novísimo continente...
Coober Pedy, una pequeña ciudad minera de Australia Meridional, es conocida como la capital mundial del ópalo, esa piedra de reyes que en la antigüedad se creía que te podía hacer invisible, si la envolvías en una hoja de laurel fresca y la llevabas contigo.

Sin embargo, esa no es precisamente la razón por la que te sería difícil adivinar que más de 3.000 personas viven en ese trozo de desierto.
Los habitantes de Coober Pedy no son invisibles, sino que gran parte de sus vidas es subterránea.

El reportero de la BBC Michael Dulaney fue a conocer esa remota y peculiar comunidad.

Voy camino a la ciudad minera del outback australiano Coober Pedy.
Lo que sobresale en este paisaje plano e indiferenciado son unas chimeneas que brotan de la tierra al lado del camino.
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption ¿Chimeneas en el desierto?
Son pozos de ventilación para la mayoría de los hogares, que están bajo tierra. Les llaman dugouts y son cuevas excavadas para escaparse del sofocante calor del desierto.
Todo en Coober Pedy es subterráneo: no sólo sus casas, sino también sus tiendas, hoteles, bares, galerías de arte y hasta sus iglesias.
El interior de la iglesia es fresco y agradable... me imagino que eso ayuda a que la gente vaya a misa.
"Efectivamente", me dice el sacerdote. "Esa es la idea. En el desierto todo es muy crudo, ya sea el frío o el calor. Por eso estar bajo tierra es una gran atracción, ya que lo modera un poco. Hace que la vida sea soportable y es un gran refugio".
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption Un remanso de... frescura.
La tentación de mudarse a Coober Pedy, en cualquier caso, no la despierta su clima sino la posibilidad de volverse rico encontrando ópalo, una gema preciosa que puede llegar a valer miles de dólares.
El yacimiento fue encontrado en 1915 por un chico de 14 años llamado William Hutchison quien estaba en algún en medio de la nada en Australia del Sur con su padre y sus dos socios. Habían ido a prospectar oro, pero no lo habían encontrado.
El 1º de febrero, William quedó en el campamento para cuidar los suministros, pero desobedeció las órdenes de su padre, salió en busca de agua y se extravió.
Los hombres empezaron a preocuparse cuando oscureció y el chico seguía sin aparecer, pero, poco después, llegó con una sonrisa y una bolsa repleta de ópalos.
Claro que ese fue un hallazgo fortuito. William también descubrió lo que había ido a buscar: agua dulce, que era igual de preciosa en ese lugar.
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption Sigue siendo un lugar en medio de la nada: la ciudad más cercana es Adelaida y queda a 9 horas de viaje.

Un mar que ya no existe

Los ópalos preciosos australianos son el resultado de unas condiciones muy especiales que datan de hace 100 millones de años, cuando el gran mar de Eromanga, que en ese entonces cubría el centro de Australia, comenzó a secarse.
Fluidos muy ácidos disolvieron el sílice de areniscas ricas en cuarzo que luego se precipitaron en forma de ópalo precioso.
Esas circunstancias son muy distintas a las de otros yacimientos de ópalo del mundo, cuyo origen a menudo es volcánico.
Image copyright Bildagentur-online/McPhoto-Schulz Image caption Una joya de las que dejó el mar.
Pero encontrarlos ya no es tan fácil.
No obstante, su valor sigue provocando la misma "fiebre" -como le llaman los mineros- que ha contagiado a miles desde ese 1915.
Y fue esa fiebre lo que mantuvo a Sandy Williams en la industria durante 20 años, hasta que tuvo que darse por vencida y aceptar un empleo fijo como guía turística local.

Romántico

Image copyright Thinkstock Image caption Esto es lo que produce la fiebre que te lleva a ese rincón lejano y ardiente del mundo: el opal.
"La minería de ópalo es una ocupación muy romántica, pues estás buscando algo que a nadie se le perdió", le dice a la BBC.
"Nunca sabes qué valor va a tener cuando la desentierras. Siempre parece más grande, mejor y más brillante bajo tierra, pero en la superficie no se ve igual que cuando la viste por primera vez", agrega.
"Tu imaginación y expectativas juegan un gran rol en la minería de ópalo".
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption La sala de una de las "cuevas" de Coober Peby.
¿Qué tipo de persona es el apropiado para vivir aquí?
"Probablemente ese romántico aventurero del que estamos hablando", responde. "Esta es la última frontera; es un lugar en el que puedes trabajar para ti mismo. Puedes laborar tanto o tan poco como desees, y puedes encontrar un millón de dólares. Ha pasado antes y ojalá vuelva a pasar".
"Pero a mí la pobreza eventualmente me mandó de vuelta a la plantilla de empleados".

Lomas de esperanza

Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption Las montañas de Coober Pedy son hechas de sueños y a menudo quedan como monumentos a decepciones.
La actividad minera es evidente en los campos de ópalo, donde pequeñas lomas de arena y huecos en la tierra se extienden hasta alcanzar el horizonte.
Esas minas se siguen multiplicando a diario con las excavaciones de mineros como Teles, un chef retirado que le está dedicando sus años crepusculares y sus ahorros a la búsqueda de un tesoro opalizado.
Image copyright Millard H. Sharp/SCIENCE PHOTO LIBRARY Image caption Es como un pozo de luz enterrado en el desierto.
Aunque no revela su nombre completo -los mineros aquí son discretos-, se ofrece para llevarme a explorar su mina.
"Empecé en esta mina hace como 5 o 6 semanas, pero he tenido problemas con la pala mecánica... se avería una y otra vez", señala frustrado.
"Cuando me retiré, traté de quedarme en casa hasta que pensé '¡al diablo con esto! voy a minar unas horas cada semana'. Soy diabético así que es bueno hacer ejercicio".
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption "No pisar el prado", dice la señal... no cabe duda de que son optimistas.

¿Para relajarse?

"Soy chef y solía administrar el hotel Opal durante unos años, para pagar las cuentas. Tengo 9 hijos y ya les pagué el colegio y la universidad. Ahora todos tienen empleo así que me puedo relajar".
¿Entonces excavar la tierra en busca de algo que posiblemente no esté ahí es relajante? ¿Qué es lo que le atrae?
"Es esa fiebre que te da, ese reto de estar en la intemperie haciéndolo. Ahora ya no es sólo un reto para mí: efectivamente es una manera de relajarme".
Image copyright District Council of Coober Pedy Image caption La Vía Láctea... otro de los tesoros de Coober Pedy es el firmamento.
Teles empezó a dedicarse a la minería hace 26 años.
"Llegué tarde al juego del ópalo. La mayoría de los buenos lugares ya estaban tomados, así que uno queda en la periferia. Realmente no tienes ningún chance de encontrar algo que te dé mucho dinero... a menos de que tengas mucha suerte", explica.

Si el mundo se cae

La mina en la que está trabajando no es nueva. Otros mineros ya habían excavado túneles. Muchos túneles, lo que puede representar un peligro.
"Lo que hago es llevar el túnel hacia arriba y hacer un domo, para que toda la presión se vaya a los lados. Cuando un conejo hace su madriguera, siempre la hace en forma de arco. La naturaleza tienen su sabiduría y si la imitas, no tienes problema".
Image copyright Dorling Kindersley/UIG/SCIENCE PHOTO LIBRARY Image caption Aunque más del 90% de los ópalos del mundo provienen de Australia, México es famoso por su ópalo de fuego.
Eso no quiere decir que no se le haya caído ese mundo subterráneo encima. La última vez se salvó pues estaba en su pala mecánica. Es inevitable pensar que él y otros excavan solos, así que si algo pasa...
"Pues tengo 72 años de edad. Si algo pasa... de malas. Algún día te vas a morir y yo prefiero morirme enterrado aquí en el desierto", asegura.
"Este cuerpo mío está en agonía. Siempre después de trabajar, tus huesos y músculos te duelen. Pero lo hacemos porque nos fascina".
Y quizás sus huesos se convertirán en ópalo algún día.
"Uno nunca sabe: podría opalizarme en unos 50 millones de años".
http://www.bbc.com/mundo/noticias-38309193

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