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José Martí: el ojo del canario

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José Martí: el ojo del canario

Mensaje por Azali el Sáb Ago 06, 2011 10:30 am

José Martí: el ojo del canario



Sólo muy de vez en cuando –cada dos o tres años digamos- me atrevo a incurrir en esa variante del masoquismo que es ver cine cubano para al final preguntarme por qué insisto en confirmar lo que ya sabía: que las películas cubanas siempre consiguen que, abrumado de vergüenza ajena, dedique más tiempo a mirar al techo o al suelo que a la propia pantalla. Por eso no tenía razones para pensar que la película de Fernando Pérez “José Martí: el ojo del canario” podría distanciarse demasiado de un subgénero donde campean la cobardía, la mediocridad y la falsa audacia. Las reseñas oficiales con sus alabanzas huecas -pese a reconocerle un carácter “polémico” que no se atrevían a explicar- no me animaban a verla. Tampoco las “extraoficialistas”con su insistencia en ciertos guiños y alusiones porque desde que uno adquiere la mala costumbre de vivir en un sitio con libertad exterior esos mensajes en clave de los que se sirve buena parte del arte cubano para decir cosas tan elementales como que la libertad es necesaria en realidad no dicen nada. Y por si fuera poco estaba el tema escogido por Fernando Pérez para su película, la infancia y la adolescencia del fantasma en torno al cual se ha organizado la nación cubana en el último siglo. ¿Se podía esperar algo bueno de aquello?

Ciertas casualidades me llevaron a ver la película y quizás mi falta de expectativas me ayudaron a soportar los primeros minutos salpicados de actuaciones disparejas y en el que campeaba un acento más propio de la Centro Habana actual que de una sociedad que se distinguía peldaño a peldaño de su escala social por el cuidado y la corrección con que se hablara el español. Fuera de eso todos fueron sorpresas porque de lo que se trataba en la película de Fernando Pérez no era de la infancia de un fantasma sino del desarrollo de un ser real y de carácter muy especial –inteligente, responsable pero sobre todo muy sensible- en circunstancias particularmente opresivas. Y la opresión en la película –como suele suceder en la vida real- empieza por casa (la ruda y estentórea del padre pero también la tierna y envolvente de la madre –asumida por Broselianda Hernández en la única actuación memorable de la película-) y prosigue en la escuela hasta chocar con los defensores entusiastas del Poder que nunca faltan. Ese choque entre sensibilidad y opresión -descrito exquisitamente por las imágenes de la película antes que por los diálogos- explica mucho mejor la realidad del Martí adulto que todas sus biografías.

Pero los méritos de “José Martí: el ojo del canario” van bastante más allá de explicar los inicios de una vida por importante que nos parezca. Es la primera película cubana en la que se aborda la infancia como drama –drama tan ajeno para un adulto como decisivo- y lo hace con la delicadeza especial que lo requiere un tema para el que siempre nos faltarán palabras. Ciertos dramas menores le ayudan a darle profundidad: el de la honestidad inútil del padre en una sociedad corrupta, el de la abdicación en sus ideas del condiscípulo que hasta entonces se destacaba en proclamarlas. Al Martí de la película se le humaniza -algo que muchos martianos abominarán guiados por esa religiosidad oscura de que humanizar rebaja- pero nos deja a cambio algo que compartir con el apóstol: todos hemos sido Martí en nuestras firmezas y él fue todos nosotros en sus debilidades.

Tengo por la esencia de la película, su mayor sabiduría, el momento que va desde que presionado por su madre (y por el cañón del revólver de un voluntario) se ve obligado a decir quedamente “Viva España” hasta la escena en que Doña Leonor le pide que se retracte de la famosa carta a un condiscípulo y así eluda la prisión y el adolescente Martí le responde que esa vez lo perdone porque ha decidido obedecer a su propio mandato. Porque el gran tema de la película es el de la libertad del ser humano como noción que sólo se adquiere a cabalidad allí donde se le impide ser. Frente a esto son perdonables esos oficiales españoles que hablan como guagueros de la 64 o esos adolescentes incapaces de darle a un texto la entonación y los gestos que demanda porque Fernando Pérez ha demostrado en esta película –más que en las anteriores- ser un artista sensible y honesto como pocos pero no es un mago. Abajo, la película en youtube, completa. Después me dicen:





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